Entrevista a Lalo Schifrin – EXCLUSIVA SoundTrackFest


Hoy viernes 23 de septiembre, se inaugura el festival Fimucité, con un concierto especial dedicado al maestro Lalo Schifrin.

Hace unos días, SoundTrackFest tuvo la oportunidad de entrevistar a Lalo Schifrin en exclusiva desde su casa de Los Ángeles, y poder hablar con él sobre su vida, su carrera, y sus proyectos en curso.

Como se podrá ver a lo largo de esta entrevista, a sus 84 años, el maestro Lalo Schifrin es digno de la más enorme admiración, y porque no decirlo, también envidia, ya que da gusto ver cómo la chispa, la ilusión y la vitalidad de este gran pianista, director de orquesta, compositor, jazzista y persona de mundo, no ha decaído ni un ápice con el paso del tiempo.

Más bien al revés, ha aumentado, al igual que su curiosidad, sus ganas de aprender y sus ganas de seguir embarcándose en nuevos proyectos.

Pero ya basta de preámbulos y vamos al grano, con esta extensa pero interesantísima entrevista, que tuvo la gran amabilidad de conceder Lalo Schifrin en EXCLUSIVA a SoundTrackFest.

 

LA ENTREVISTA


Hola Sr. Schifrin, sabemos que es una persona ocupada, así que lo primero querría agradecerle mucho su tiempo por atender a SoundTrackFest.

No tiene por qué agradecerme. Me gusta muchísimo ayudar a la difusión de la música de cine y la música en general, y sobre todo en España, un lugar que yo quiero muchísimo. Estuve allí muchas veces. He dirigido orquestas en todos los lados, estuve en Madrid, estuve en Barcelona y en muchos sitios más.

Lalo Schifrin - Piano
Muchas gracias. Hablando de España, en breve comienza un festival de música de cine en las Islas Canarias, en Tenerife, que se llama Fimucité, y ya va por su décima edición. En el festival, se va a realizar un concierto de Jazz en homenaje a su figura, bajo el título “Lalo Schifrin’s Jazz Goes to Hollywood”. ¿Qué le parece?

Sí, sí, lo conozco. De hecho, no sólo lo conozco, sino que me pidieron que adaptara música mía de cine para una orquesta de Jazz. Es un honor estar presente allí, con mi música.

 

LOS COMIENZOS EN ARGENTINA

Por empezar un poco desde el principio, me gustaría que nos contara cómo son sus inicios en su Argentina natal, y cómo es su acercamiento a la música.

Mi padre era el primer violín de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, al que aquí en inglés le llaman Concert Master, el maestro del concierto, porque el primer violín en una orquesta sinfónica, es quizás el músico más importante.

No fue fácil para él, porque, en realidad, no es fácil para nadie, ya que hay que dar un examen, una audición para entrar, y en su caso tuvo un jurado de 3 directores de orquesta: Arturo Toscaninni, Victor de Sabata de Italia, y el maestro Heitor Villa-lobos de Brasil. Ahora bien, cuando mi padre hizo el examen para entrar, entró directamente como primer violín, que es difícil, muy difícil. Así que él fue el que me empezó a meter en el mundo de la música.

Cuando yo tenía 5 años, comencé a estudiar piano con un amigo suyo. Mi padre también tocaba el piano. Él tenía una orquesta de cámara, de música clásica, y el pianista de esa orquesta fue mi primer profesor de piano, Enrique Barenboim el padre de Daniel Barenboim. Ese fue mi primer maestro de piano.

 

Qué suerte tener como primer profesor de piano a alguien con tanto talento y que ha tenido una carrera tan brillante como el maestro Barenboim, ¿verdad?

Bueno, toda mi vida fue suerte (risas). Usted sabe quién es Jorge Luis Borges, ¿verdad? Pues una de las cosas que él dijo fue que la suerte y el destino son sinónimos. Suerte y destino. Y eso se aplica a mí. Yo lo entiendo muy bien, ya que tuve suerte y también mi destino me hizo ser el músico que soy hoy.

 

¡Buena forma de ver la vida! Y hablando de su vida, a continuación, siendo todavía joven, deja Argentina y viaja a París. Me imagino que eso fue una experiencia que le cambia mucho.

Si porque, cuando ya tenía 16 años me empezó a gustar muchísimo el Jazz, que es la música clásica de Norte América. Me interesó mucho la naturaleza de su armonía. El Jazz tenía una armonía diferente a la música clásica que yo conocía en esa época. Ahora ya no, porque el Jazz y la música clásica moderna son muy parecidas.

Bueno, pues cuando terminé la escuela secundaria en Buenos Aires, mi padre no quería que yo fuera músico, no quería que siguiera la carrera de música, porque él sabía qué difícil es llegar a ser algo o alguien ahí. Entonces, aunque suene fuerte, me prohibió seguir estudiando música. Quería que yo tuviese un diploma, como de abogado o de médico. Yo me resistía, pero con todo, tuve que ir a la facultad de derecho. Y allí hice 4 años. Había que hacer 6 en total para que le dieran a uno el diploma, pero sólo hice 4.

Al mismo tiempo que estaba en la facultad, sin que mi padre lo supiera, yo me puse a estudiar composición con uno de los más grandes maestros argentinos, Juan Carlos Paz, que había estudiado con Schoenberg en Viena y volvió a Argentina, y componía música demasiado moderna para el público de esa época.

Juan Carlos Paz fue increíble y un gran compositor. Tengo partituras y libros de él que son fabulosos. Bueno, pues él me daba las lecciones de música en un café en el centro de Buenos Aires.

 

Qué sitio más curioso para recibir clases de música, fuera de un conservatorio, ¿no?

Él decía que hay que estudiar composición lejos del piano, que hay que tenerlo todo en la cabeza y escuchar la música dentro de uno, pero sin usar el piano. Como si el piano fuera una especie de muleta, y no hay que tener muletas para poder andar.

Él estaba al tanto de todo lo que ocurría, y un día, sentados en el café en una de sus clases, me dijo “Están otorgando becas en el Conservatorio Nacional de Música de París. Tenés que ir a la embajada Francesa o al consulado Francés en Buenos Aires para hacer todos los trámites. Diles que yo soy el que te está recomendando”.

Entonces, sin que mis padres lo supieran, fui al consulado y después de una semana, me mandaron un sobre lacrado, lleno de formularios con cuestionarios y preguntas, además de un examen escrito muy difícil.

Le dije a Juan Carlos Paz, mi maestro, “¿Usted cree que tengo una posibilidad? ” y me respondió “No tenés nada que perder”.

Así que fui y di el examen, y una semana más tarde, yo seguía vigilando el correo, porque no quería que mis padres se enteraran todavía, y fue cuando llegó un sobre que decía “Felicitaciones, ha sido aceptado en el Conservatorio Nacional de Música de París y su foto y su nombre van a ser expuestos en el vestíbulo del conservatorio por una semana”. Eso no es algo que hicieran sólo conmigo, lo hacían con todos, como lo hicieron en su momento con Ravel, o con Debussy.

……