Film Symphony Orchestra – WANTED – Valencia 2026 [ARTÍCULO ESPECIAL]

El domingo 24 de mayo el espectáculo WANTED de la Film Sypmhony Orchestra, dedicado a la música del género Western, llegó a Valencia. Nuestro amigo y compañero Frederic Torres acudió al concierto y nos deja un detallado artículo especial, en exclusiva para SoundTrackFest.

Film Symphony Orchestra - WANTED - Valencia 2026 [ARTÍCULO ESPECIAL]

 

Concierto WANTED. EL MEJOR WESTERN. Film Symphony Orchestra (FSO), dirigida por Constantino Martínez-Orts. Valencia. 24-05-26

Inmersa en su gira anual (temporada 2025-26), dedicada a la música del cine de los dibujos animados denominada Toon Story, y reseñada en a su paso por el Palacio de Congresos de la capital del Turia en noviembre de 2025 (leer artículo especial), a la Film Symphony Orchestra aún le ha dado tiempo de incorporar otro concierto de características temáticas, justo al día siguiente de haber interpretado el citado programa animado por tercera vez en la ciudad, las dos últimas ocasiones ya en el Palau de la Música.

 

De esta manera, el coliseo valenciano fue tomado por completo por la FSO durante ese fin de semana (el del 23 y 24 de mayo), con la novedad de presentar por fin este concierto específico dedicado íntegramente al cine de vaqueros, el denominado western, ya ofrecido con anterioridad en plazas tan relevantes como Madrid y Barcelona. Y es que el director y CEO de la FSO, Constantino Martínez-Orts, aparte de idear las giras anuales y el repertorio con que aborda cada temporada para los cerca de ochenta conciertos que las conforman, puntualmente presenta también alguna exclusividad como esta, además de alguna otra como Dracul, dedicado a la música de terror y monstruos, presentado en Madrid para celebrar la noche de Halloween, y que este año también debutará en València el próximo 1 de noviembre, festividad de “Todos los Santos”, así como el dedicado al malogrado James Horner, que dispondrá de una nueva interpretación el próximo 26 de junio, exclusivamente en Madrid.

 

Un programa el de Wanted (virtual, pues hace tiempo que se dejó de editar el programa de mano en papel), compuesto por títulos exclusivos del género seleccionados y conducidos de la mano del propio Martínez-Orts, en el que se percibe su impronta personal al tratar de equilibrar compositores clásicos con otros más novedosos (mayormente pertenecientes a la década de los ochenta y noventa, las más vinculadas emocionalmente con la juventud del director y su incipiente apego e interés por la música audiovisual), con la incorporación de la música perteneciente al denominado spaghetti-western, popularizada por Morricone, ineludible en un concierto de estas características.

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Y me afirmo en ese acierto programático, porque más allá de las preferencias personales de cada uno, y si se obvian los purismos que la selección puede acarrear, sí quedan recogidas las diversas épocas del género a pesar de quedar por el camino algunos nombres fundamentales como el de Max Steiner, por ejemplo, entre los más clásicos, y otros tantos como Alex North, Maurice Jarre y Jerry Fielding, por no mencionar algunos más contemporáneos y pródigos en el género, caso de Jerry Goldsmith. Salvadas estas circunstancias, y entendiendo que nunca llueve a gusto de todos, la FSO se presentó con cada uno de sus integrantes disfrazado de vaquero, indio (algunos incluso con cánticos característicos), etc, y con un atrezzo escénico en el que se podían ver balas de paja y algún carruaje para situar en escena al espectador. El mismo Martínez-Orts cambió su “matrixiana sotana” con la que se suele presentar al público, por una vestimenta más acorde al género, consistente en chaleco, sombrero (que se hubo de quitar para poder dirigir en condiciones), y una especie de gabardina como prenda idiosincrática. Todo ello, en plena ola de calor “a la valenciana”, que no deja de ser meritorio.

 

Situados ya en contexto, el programa se inició con los “Títulos Principales” de uno de los más clásicos y reconocidos títulos de la historia del western, compuesto por el gran Alfred Newman para La Conquista del Oeste (1963), la épica película presentada mediante el espectacular sistema Cinerama (que combinaba nada menos que tres pantallas de cine), y que fue dirigida por Henry Hathaway, John Ford y George Marshall, cuya pegadiza obertura ha pasado a formar parte de lo que universalmente se entiende como música del Oeste, y que aún hoy sigue siendo muy reconocida por parte de las audiencias más generalistas. La interpretación estuvo a la altura, aunque tal vez le faltó cierta energía al ostinato que se apoyaba en los redobles de la caja, que en la grabación original del film se escuchan con gran y vibrante virulencia.

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No fue el único “clásico” presente (el entrecomillado se debe a que en realidad la anterior ya puede considerarse una película contemporánea, recién inaugurada la década de los sesenta) en ser presentado por parte de la FSO, pues si Newman inició la primera parte, Elmer Bernstein fue el compositor elegido para finalizarla mediante una “Suite” de su no menos popular y reconocida Los Siete Magníficos (1960), que Martínez-Orts, en sus siempre pedagógicas explicaciones previas a cada interpretación, comentó que pasó sin pena ni gloria, cuando en realidad fue nominada en su momento al Oscar. Probablemente, en el año que los aficionados más veteranos consideran el de mayor calidad de toda la historia de las estatuillas (pues el resto de nominados fueron Alex North, por Espartaco, André Previn, por El Fuego y la Palabra, Dimitri Tiomkin por El Alamo –cuya suite también interpretó la FSO durante el concierto, como se tendrá ocasión de comentar- y Ernest Gold, por Éxodo, a la postre, la ganadora de la preciada estatuilla).

 

En cualquier caso se trata de una música deudora, como otras que también se interpretaron durante el concierto, de los estilos más puramente considerados americanos, conformados sobre la obra de compositores como Virgil Thompson y, sobre todo, Aaron Copland, gracias a obras tan referenciales y apreciadas como Primavera Apalache, Rodeo, o su ballet dedicado a Billy, el Niño. El tema de Bernstein fue, además, muy popularizado décadas después, como recordó Martínez-Orts, como cabecera musical de una conocida marca de tabaco cuando este nocivo producto estaba en pleno auge publicitario entre la década de los setenta y los ochenta, pues la música reforzaba la idea de que la marca que fumaban los auténticos vaqueros era la mejor, al ser considerada la música como el genuino exponente de la música del Oeste.

 

Entre medias, el público tuvo oportunidad de escuchar algunos clásicos más como la canción “Do Not Forsake Me (No Me Abandones)”, de Solo ante el Peligro (1952), la legendaria película protagonizada por Gary Cooper que dirgió Fred Zinneman, debida a otro grande del género, Dimitri Tiomkin, quien ganara sendos Oscar a la mejor canción (junto al letrista Ned Wahsington) y a la mejor música, interpretada con convicción por Toni Dublet. Artista quien también hizo lo propio con el “Tema” titulado El Correo del Infierno, de la serie televisiva Rawhide (1959), uno de los pocos trabajos del ruso-ucraniano para la televisión, que protagonizó y dio a conocer a Clint Eastwood en las pequeñas pantallas televisivas norteamericanas, antes de hacerse famoso con los citados spaghetti-western de Sergio Leone y que fue interpretada a mitad de la segunda parte.  Segunda parte en la que sonó otra suite muy fidedigna de esa obra maestra musical que fue la también citada El Álamo (1960), en la que el solo del trompetista valenciano Rubén Zaragoza García brilló con aplomo y fidelidad al abordar el famoso “DeGüello” que más tarde inspiraría a Morricone sus populares solos para la conocida “Trilogía del dólar”.

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De entre estos clásicos, cabe destacar también los “Títulos Principales” de Horizontes de Grandeza (1958), de Jerome Moross, una de esas películas grandes del Hollywood clásico que debió haber ganado la estatuilla en su momento, y que perdió precisamente frente a Tiomkin por una obra más detallista y menos vistosa, como fue su música para la acartonada adaptación de El Viejo y el Mar, de Ernest Hemingway. Una de esas injusticias ante las que los fans de la música de cine suelen rasgarse las vestiduras en los últimos tiempos, pero que se han producido desde siempre, como se puede observar. El simbolismo inherente en la música de Moross, y la evocación de las grandes praderas a través de su música es particularmente evidente, y sigue siendo una de las músicas mejor valoradas para representar el género, aunque es bastante compleja de interpretar dada la vivacidad en la cuerda con la que se abre la obertura central, a la que siguen unos metales sencillamente impactantes. La FSO coordinó bajo la batuta de Martínez-Orts los dos temas más característicos de esa apertura con energía, aunque tal vez se acusara cierta falta de densidad en la cuerda. En cualquier caso, un vibrante inicio de la segunda parte del concierto con el que el bullicioso público volvió a quedar sellado a su butaca, tras haberse efectuado el ya habitual sorteo de un viaje a Hollywood para dos personas, caso de acertar los diez títulos que la FSO ejecutó a razón de poco más de cinco segundos por cada uno de ellos, a modo de quiniela, relacionados con el mundo de la animación, temática de su gira actual.

 

Respecto a los autores más contemporáneos, cabe destacar en la primera parte del concierto la Suite dedicada a Wyatt Earp, cuya música compuso el gran James Newton Howard en 1994, interpretada con aplomo y convicción por la FSO, justo después del “Tema de John Dunbar (The John Dunbar Theme”), del británico John Barry, quien consiguiera su quinto Oscar de la Academia por esta música tan solemne y elegante para Bailando con Lobos (1990) la película que supuso el triunfo definitivo de Kevin Costner en la pantalla grande, en lo que constituyó una especie de díptico que homenajeaba al actor.

 

También figuró Tombstone (1993), consagrada asimismo a la figura del mítico Earp (aunque interpretado por Kurt Russell en esta ocasión), ejecutada en la primera parte del concierto, y Silverado (1986), durante la segunda, casi antes de finalizar el concierto, ambas debidas a la magistral y poco reconocida figura de Bruce Broughton, que cubrieron la cuota de ese cine ochentero y noventero antes mencionado con el que creció Martínez-Orts y que tanto le ha marcado, a él y a toda una generación que se aficionó a la música de cine de la mano del gran John Williams y la escuela de sinfonistas cinematográficos que surgió bajo su égida.

 

De hecho, no faltó la inmensa (por calidad, pero también por extención) “Obertura” de Los Cowboys (1972), una película protagonizada por crepuscular John Wayne que dispuso de una magnífica partitura de un John Williams poco conocido (en el momento de su estreno, todavía no había ni compuesto la música de Tiburón -1975-, ni mucho menos iniciado la saga de Star Wars -1977-), en la que el nonagenario artista norteamericano realizó un despliegue sinfónico que volvió a reformular al mejor Copland, con una interpretación de la FSO rozando la perfección, pues es una música que han interpretado ya en numerosas ocasiones y que se conocen al dedillo, como quedó patente.

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La complicidad entre los intérpretes, con miradas, cánticos, movimientos rítmicos y algún bailoteo que otro se acrecentó durante las interpretaciones dedicadas a Morricone. Además se incorporaron elementos musicales variopintos, porque como explicó el director, la falta de presupuesto en aquellos primeros spaghetti hizo agudizar el ingenio al compositor, quien a falta de grandes orquestas sinfónicas, acudió a recursos poco usuales, tales como voces (las de los intérpretes musicales), armónica (Rubén Traver), guitarra (Alex Sánchez), bajo eléctrico (Rafa Martínez Rodríguez), arpa de boca (también Traver), e incluso silbadores (Bauti Carmena), algo que en principio podía parecer anacrónico y que, sin embargo, llevó a una inmensa popularidad la figura del compositor romano.

 

El primer fragmento en saltar a escena, durante la primera parte del concierto, fue el impresionante crescendo de “L’últiima Diligenza di Red Rock (La Última diligencia de Red Rock)”, perteneciente a Los Odiosos Ocho (2015), la película de Quentin Tarantino por la que al final Ennio Morricone obtuvo el Oscar en competición, justo unos años antes de fallecer (a pesar de disponer ya de uno honorífico a toda su carrera, como recordó también Martínez-Orts). La FSO ejecutó este angustioso crescendo en toda su plenitud, recuperando de esta manera al Morricone más oscuro y menos conocido, aún a pesar de la recompensa que supuso la estatuilla dorada.

 

Pero fue durante la segunda composición de Morricone cuando el público, de una media de edad más elevada que la habitual en los conciertos de la FSO (recordemos que aparte del film de Tarantino, no había ningún otro perteneciente a este nuevo siglo/milenio), se reconoció en la música del compositor romano. Los “Títulos Principales” de La Muerte Tenía un Precio (1965), interpretados entre la primera suite de Broughton y la de Bernstein citadas durante la primera parte del programa, hicieron todavía más evidente el “experimental” atrevimiento musical del italiano, para seguir con la que fue la secuela de Por un Puñado de Dólares (1964), cuya “Suite” se interpretó en la segunda parte del concierto, en un orden inverso, y que por la poca coincidencia en la nomenclatura de los títulos en castellano, pocos de los integrantes entre el público asistente conocen que se trata en realidad de un díptico directamente relacionado (pues en el original esta última se titula “Per un Pugno di Dollari”, y la citada anteriormente, “Per Qualche Dollare in Più”). Lo cierto es que aquí, determinado sector del público se lo pasó de lo lindo, recordando probablemente tardes de infancia en cines de pueblo o de barrio de doble sesión en los que el spaghetti entretuvo a la chiquillería de aquella época.

 

En Hasta que Llegó su Hora (1968), se incorporó la voz de Anaís Sancruz, quien ubicada sobre la orquesta, a la altura del órgano del Palau, trató de emular a la gran Edda del’Orso del original, y micrófono en mano consiguió que su voz resonara ampliamente por todo el recinto, ocultando casi al tutti orquestal, en una composición de características operísticas (como bien señaló Martínez-Orts), en donde la armónica de Rubén Traver jugó también un papel fundamental en el inicio del bloque musical. El hecho de referirse al título de la película como Érase una Vez el Oeste, traducción literal del título original, y el de mencionar los pertenecientes a la “Trilogía del Dólar” además de en castellano, en inglés (cuando obviamente los originales son italianos) pudo confundir a algún que otro despistado o inducir a algún error, pero como el programa es virtual y después de pasados unos días no se puede acceder al enlace del mismo, si no se ha sido precavido y se ha descargado el correspondiente PDF, tampoco es algo que el común asistente a los espectáculos de la FSO pueda comprobar.

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El éxtasis final llegó con la “Suite” de El Bueno, el Feo, y el Malo (1966), con esa locura del “Éxtasis del Oro” con la que cerraba Leone su película, y que Martínez-Orts consiguió transmitir al auditorio. Un delirio Morriconiano que captó a la perfección la esencia de ese contraste entre la elegancia a la “americana” de los títulos compuestos por los clásicos Newman, Tiomkin, Moross y Bernstein, además de los respetuosos Williams, Broughton, y Howard, con los inventos “específicos” de Morricone, que aún hoy, siguen asombrando por su audacia e inventiva, aunque a algunos aún nos cueste identificar esa música con las grandes praderas americanas.

 

Como bis, el inteligente Martínez-Orts interpretó el tema central de la popular serie televisiva Bonanza (1959-73), que triunfó en las pantallas de medio mundo (por estos lares, desde la mitad de la década de los sesenta), compuesto por Ray Evans y Jay Livingston, autores menores, pero con éxitos muy representativos como el presente, para dulcificar y aligerar la tensión del final de la suite Morriconiana anterior, rematando la faena con la interpretación de la “Cantina Band”, de La Guerra de las Galaxias (1977), el habitual cierre de concierto de la FSO en el que los arcos de los violines, violas, chelos y contrabajos se convierten “mágicamente” en espadas de luz, y las distintas secciones se despiden bailando a los festivos y jazzísticos acordes del conocido tema de John Williams. Despedida no por menos esperada acorde a la temática del concierto, por mucha ciencia-ficción y fantasía con las que Lucas invistiera a su proyecto galáctico, en realidad una reformulación del western más clásico desde una óptica futurista y visionaria.

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A la salida, con el público exhausto pero entusiasmado, todavía hubo quien se hizo la correspondiente foto en el photocall junto al equipo mixto disfrazado ad hoc (que incluía un “árbol del ahorcado”, con soga y todo), acompañando al mismísimo Martínez-Orts, quien antes de despedir el concierto tuvo tiempo de anunciar la presentación en València por primera vez de Dracul, además de anunciar el estreno en octubre, también en la capital del Turia, de la nueva gira de la FSO titulada “Odisea” (leer más), que tendrá como protagonista el cine épico, con títulos como los pertenecientes a la saga de Avatar entre muchos otros. Estaremos en ambos conciertos y os lo contaremos. Siempre que algún sheriff o cazarecompensas no lo impida.

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Artículo y fotos por Frederic Torres