Entrevista a Lalo Schifrin – EXCLUSIVA SoundTrackFest

VIAJE A PARIS Y VUELTA A ARGENTINA

Y entonces no tuvo más remedio que decir las cosas en casa.

Eso es. Ahí fue cuando ya tuve que decirles a mis padres que me iba. Claro, estaban muy tristes, pero también estaban orgullosos de que yo tuviese esa posibilidad. Así fue como llegué a Paris, y bueno, ahí empezó todo.

Allí tuve la suerte de estudiar con grandes maestros, incluso con el director del conservatorio en esa época que era Olivier Messiaen, uno de los más grandes compositores del siglo XX. Él me dio muchísimas, muchísimas cuestiones técnicas nuevas para mí que me ayudaron muchísimo, e incluso me han servido después para escribir música de cine.

Yo ya había estudiado fuga, armonía, contrapunto y composición con Juan Carlos Paz, pero allí estudié orquestación con el gran maestro Olivier Messiaen, que había sido alumno de Ravel, uno de los más grandes orquestadores de la historia del mundo.

Olivier Messiaen me dio todos esos secretos, que son secretos en el fondo, porque no mucha gente los sabe, no muchos compositores los saben, y eso me ayudó muchísimo en el resto de mi carrera.

 

¿Cómo era su vida de estudiante en París?

Un joven Lalo SchifrinAllí yo hacía una vida doble. Durante el día iba al conservatorio y durante la noche tocaba Jazz con los músicos de Jazz de Paris, donde también había conciertos de Jazz que traían de Estados Unidos.

Muchos de los más grandes músicos de Jazz de toda la historia vinieron a los teatros de Paris a dar conciertos allá.

Al mismo tiempo, yo iba mucho al cine, siempre me gustó mucho el cine. Entonces no había televisión todavía, pero cine sí, así que cuando podía, iba al cine. Una noche, empecé a prestar atención a la música de fondo del cine, a lo que pasaba con la música. Por ejemplo, las películas de horror, de terror. Yo mismo me dije, en mis pensamientos, sin la música no sería tan terrorífica, ¿verdad? Me despertó la curiosidad, y eso me empezó a guiar a la carrera que abracé después.

 

¿Cómo es que decidió volver a Argentina y, posteriormente, pasar a los EE.UU.?

Cuando volví a Argentina tres años después, fundé una orquesta de Jazz, buscando oportunidad de hacer música para cine, pues ya tenía la idea del cine en la cabeza. Pero no conocía a nadie. Es muy difícil. Los productores, la industria del cine, no permitían entrar a nadie de fuera como era yo.

Yo era joven y no había posibilidades, así que lo que hice fue encontrar una persona que tenía muchísimo dinero y me conocía y le gustaba la música de Jazz que yo hacía. Entonces le dije que quería formar una orquesta de Jazz para televisión y radio, y esa persona me dio todas las posibilidades y efectivamente, empecé a presentar en los círculos mi orquesta de Jazz, una orquesta grande, de 16 músicos.

Toda la música la hice yo, todos los arreglos, y tuvo muchísimo éxito porque empezamos a hacer giras no solamente en Buenos Aires sino dentro de Argentina, que si usted lo conoce, es grande, amplia. Después, también fui a Uruguay, Brasil, Perú, Chile y lo que pasó luego, fue una casualidad.

 

Volvemos a al binomio suerte y destino….

Eso es. Una vez más volvemos a hablar de casualidades. Era la época de la guerra fría, y de golpe, el departamento de estado de Estados Unidos estaba mandando embajadores culturales para seducir a los públicos de todo el mundo, y así poder hacer una propaganda a favor de Estados Unidos. Y esto no ocurría solamente en América, creo que también lo hacían con Asia (sitios como Pakistán creo recordar).

Bueno, pues en este contexto, eLalo Schifrin & Dizzy Gillespiel gran trompetista norteamericano Dizzy Gillespie, vino en una de esas giras a Argentina, y una noche, como mi orquesta era bastante buena, una persona organizó que mi orquesta tocara una especie de recital para los músicos de Gillespie y la mujer de Gillespie.

El estilo de mi orquesta era muy parecido al de la suya. Él vino de gira con una orquesta de exactamente el mismo tamaño; eran 4 trompetas, 3 trombones, 5 saxofones, sección rítmica, piano (yo dirigía a la orquesta desde el piano), contrabajo y una batería. Y él, tenía exactamente lo mismo.

Una noche que ellos no tocaban (habían tocado matiné pero a la noche estaban libres), organizaron una velada con Dizzy Gillespie, su mujer, y toda la orquesta. Curiosamente, Quincy Jones, que era en aquel momento el cuarto trompeta de la orquesta de Gillespie, vino también.

Bueno, pues cuando terminó el recital de mi orquesta, John Birks Gillespie (que era el verdadero nombre de Dizzy),  vino al escenario donde yo estaba tocando y me dijo “¿Quién escribió esta música? ¿Quién escribió estos arreglos?” y respondí “Yo”. E inmediatamente me dijo “¿Quieres venir a los Estados Unidos?”.

 

LA AVENTURA AMERICANA


O sea que se fue a los Estados Unidos ya con una invitación.

Sí. Vine y empecé a tocar con él. Estuve tres años con él, y mientras estaba aquí, por fin la cuestión de la música de cine se resolvió de una forma muy curiosa.

Hacíamos giras con Gillespie por todo el mundo y una noche yendo a Europa, a los países escandinavos, a unos festivales donde había músicos de todo tipo; tríos, cuartetos, y donde la única orquesta grande era la de Dizzy, coincidimos con Jimmy Smith, que tenía un trío. Jimmy tocaba el órgano electrónico y tocaba Jazz increíble.

Bueno, pues yendo todos los músicos al aeropuerto hasta el avión (creo que volábamos a Dinamarca), el agente de Jimmy Smith me dice “¿Tú has escrito The Gillespiana Suite?”, que es la primera obra que escribí para Gillespie, una obra para orquesta muy grande pero donde en vez de 5 saxofones, puse 4 trompas y una tuba, manteniendo el resto.

Ahí yo también tocaba el piano, pero esta vez, el director de la orquesta no era yo, era Dizzy Gillespie. Alguien a quien he respetado muchísimo, porque con él también aprendí muchísimo de armonía. Aunque le parezca mentira, él tenía una forma de mirar los acordes desde dentro, y eso me ayudó muchísimo, hasta para escribir la música de cine también.

 

Es curioso como una cosa lleva a la otra y se aprende un poco de cada persona.

¡Exacto! Entonces, volviendo al hilo de la música de cine, lo que pasó fue que este señor, que era el representante de Jimmy Smith, me dio la tarjeta y me dijo “cuando vuelvas de este viaje llámame, y a lo mejor podemos almorzar juntos”.

Cuando volví lo llamé y almorzando en Nueva York, me preguntó si quería estar siempre con Dizzy Gillespie. Yo le respondí que no, que me gustaría escribir música para cine y televisión. Y entonces me dice “Aaaah, ¡eso es fácil! No te preocupes”.

Él conocía al director musical de la Metro Goldwyn Mayer, que se encargaba del departamento de editorial de música de la Warner, Arnold Maxim. Este señor enseguida me dio una película, que no se conoce mucho ahora, pero que fue mi primera película, Rhino!- Rinocerontes blancos (1964).Lalo Schifrin - Rhino

 

Pero según tengo entendido, esa no es su primera película ¿verdad?

Rhino! es mi primera película americana, pero la primera música de película que hice fue en Argentina, poco antes de venirme a Estados Unidos.

No sé si es que se enteraron que Dizzy Gillespie me traía a Estados Unidos, pero de repente, me llamaron porque necesitaban un compositor que tuviera un ritmo más moderno, adecuado para la juventud de esa época, y en el año 1958 que fue el año que vine a Estados Unidos, hice una película en argentina llamada El Jefe, con Alberto de Mendoza y Graciela Borges.

Yo todavía no tenía esa técnica de sincronización de imagen con sonido que tuve después, eso lo aprendí en Estados Unidos, pero hice la música de la película, y les gustó muchísimo. De hecho, ganó la aceptación de cronistas cinematográficos, y me dieron un premio a la mejor música de cine del año 58 en Argentina.

Volviendo con la historia, en Estados Unidos, Arnold Maxim no sabía nada de El Jefe y me dio mi primera película americana, Rhino!, que no era una película muy importante, pero que me dio la posibilidad de estar ahí y dejarme ver.

Trataba sobre África, sobre la gente que compra colmillos de elefante y sobre el tráfico de marfil. No fue una película muy importante ni un gran éxito, así que después de terminar, me tocó que esperar a ver cuál era el siguiente proyecto que surgía.

Y escuche lo que le voy a decir, ya que a lo mejor no me lo va a creer, pero la evidencia está ahí.

Había una película que la MGM quería hacer, ya tenían el dinero y todo, y era una película con Alain Delon y Jane Fonda, llamada Joy House – Los Felinos (1964), que iba a ser rodada en Paris.

El productor Francés Jaques Bar hablaba inglés, pero el director, que era René Clemént, sólo hablaba francés, nada de inglés, así que pidió un compositor que hablara francés para poder comunicarse con él.

Entonces preguntaron por todos los lados, y yo era el único aquí que hablaba francés, por mis años que había vivido en Francia. Afortunadamente, todos los más grandes compositores de aquí no hablaban francés, así que me dieron la película a mí, y eso me ayudó muchísimo.

Fui a Paris, hice la música de la película, y creo que eso fue mi lanzamiento. Así que como siempre digo, tuve mucha suerte.

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